
Ya eran varios los encuentros que había tenido con este grupo y, aunque el cambio era una constante, también había otras cosas que permanecían iguales. Una de ellas era el discurso de Martina, sus palabras entonaban una melodía predecible y repetitiva:
“La actitud de mi esposo está llegando a un límite. Quisiera que lográramos un acuerdo económico en el que yo supiera con qué cantidad cuento al mes para mi SDS. (Solo Dios Sabe en qué me lo voy a gastar). Hoy le pedí un cheque para pagar mis sesiones de grupo y me contestó que dejara de gastar el dinero en tonterías. Pero lo peor del caso es que tampoco le parece muy buena idea que busque un trabajo. Su control me está matando”.






Mercedes prefería observar y escuchar al grupo antes que exponerse a sí misma, pero esta vez su necesidad de hablar fue más fuerte: “Estoy confundida. Llevo ya meses sintiéndome mal, de pronto me vinieron unos dolores muy fuertes en el vientre y pensé que podía ser colitis. La semana pasada fui al doctor y me pidió unos análisis. Ayer me los entregaron y resulta que tengo una infección genital que, según el médico, solo puede trasmitirse por vía sexual. Hablé con mi esposo, porque eso quiere decir que él es el único que pudo haberme infectado. Le pareció de lo más extraño y me aseguró que él no tiene ningún síntoma; ya no supe ni qué pensar. ¿Será que el doctor se equivocó?, ¿habrá otras maneras en las que me pude haber contagiado?”.










